sábado, 6 de diciembre de 2008

El "Madrigal" de Cetina: Una mirada a la mirada

¿Quién no se ha quedado prendad@ de una mirada?
Una mirada es capaz de hechizarte y dejarte enamorad@ de por vida. O por lo menos un buen rato. Un rato largo, en todo caso, para las personas enamoradizas.
El corolario, o complemento, de esto, es el de quien padece de amor y busca que la persona objeto de ese amor se enamore igualmente. Sin embargo:
¡Oh desgracia de la vida!
¡El objeto del amor ignora al enamoradizo! ¡Y el enamoradizo sufre! Porque:
¡Una sola mirada suya me diría que al menos existo para ella, o para él!
Esto lo sabía a la perfección el buen Gutierre de Cetina, que nació en Sevilla en 1520 y murió en la muy noble y leal ciudad de México de la Nueva España en 1557, parece que como consecuencia de un lío de faldas.
El poeta de trágico destino nos demuestra con este inmortal poema que las miradas hechiceras han existido siempre, porque, ¡qué duda cabe!, los ojos son las puertas del alma.


Madrigal
autor: Gutierre de Cetina

Ojos claros, serenos,
si de un dulce mirar sois alabados,
¿por qué, si me miráis, miráis airados?
Si cuanto más piadosos,
más bellos parecéis a aquel que os mira,
no me miréis con ira,
porque no parezcáis menos hermosos.
¡Ay tormentos rabiosos!
Ojos claros, serenos,
ya que así me miráis, miradme al menos.


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