martes, 16 de junio de 2009

Fayad Jamís: encabalgamientos optimistas

Hay un poco del cuento aquel del vaso medio lleno y el vaso medio vacío, y también algo de la “ley” de atracción de sucesos mediante la actitud de la mente, en esta perla del poeta y pintor cubano Fayad Jamís (1930-1988).

Hijo de padre libanés y madre mexicana, Fayad nació en un sitio de nombre poético (o profético), llamado Ojocaliente, estado de Zacatecas, México. Sin embargo, cuando aún era muy niño por alguna circunstancia la familia se trasladó a Cuba, donde terminó de condimentarse la peculiar mezcla de culturas reunidas en su persona.

Fayad Jamís estudió en Sancti Spíritus, Las Villas, y más adelante en la Academia de Bellas Artes de San Alejandro; ahí se graduó en 1952. Dos años más tarde viajó a París, donde permaneció varios años, y donde André Breton, el poeta surrealista, le organizó su primera exposición individual.

En 1959 regresó a la isla. Se dedicó a enseñar pintura en Cubanacán, la escuela cubana de artes plásticas, y a participar en actividades de literatura, por ejemplo: jurado de premios y editor de suplementos culturales. Su trayectoria le llevó a ser representante del arte y la literatura de su país en el extranjero.

Dice CubaLiteraria que recorrió España, Bélgica, la Unión Soviética, la República Popular China, Hungría, Checoslovaquia y Japón. Más tarde fue consejero cultural de la embajada de Cuba en México por once años.

Pintor prolífico, pero descuidado con su obra. No nada más la artística. En París, una amante despechada destazó con un cuchillo los óleos que Fayad Jamís le dejó. Por algún extraño prurito que no habremos de indagar aquí, como pintor se negó siempre y a toda costa a vender su obra plástica.

Como suele suceder con este tipo de purismos, además de padecer estrecheces en vida, a su muerte (intestado y sin haberse casado nunca legalmente) su obra, tanto la propia como la que coleccionaba (que incluía Picassos y Guayasamines), muy probablemente se haya dispersado y perdido.

La heredera universal, empero, hubiera sido su hija francesa, Rauda, aunque los últimos años Jamís los compartió con su enfermera y enamorada, Margarita, treinta años menor que él.

Un matrimonio post-mortem con Margarita hubiera facilitado el asunto, dicen que dijeron los abogados, pero en el lío se involucraron las tías de Rauda, dos hermanas de Fayad a las que nunca veía ni les hablaba y que vivían en un pueblo de las profundidades de Cuba, y por lo menos dos de sus ex-compañeras sentimentales…

Pero lo del encabalgamiento no es por esto sino que viene a cuento por otra cosa, más técnicamente poética que prácticamente erótica.

El encabalgamiento ocurre cuando la longitud gramatical de la frase no corresponde con la longitud del verso. Es decir que el verso termina, pero lo que se está diciendo queda brevemente en suspenso, para concluir en el verso siguiente.

El efecto que produce es de cierta tensión, pero también de cierta alteración del significado de la frase al final del verso (lo cual produce determinada sensación), el cual significado se transforma (o se completa o cambia de matiz) al principio del verso siguiente, con la conclusión de la frase (lo cual modifica también la sensación primera).

Por lo general relaciono encabalgamiento con poesía rimada y medida. La poesía de Fayad Jamís, en cambio, tiende a lo discursivo, y está basada más bien en una cadencia cuidada que de algún modo se compagina con el tema de cada poema en particular.

Y el caso es que a pesar de ser más bien de carácter prosístico, en este poema sobre la positiva actitud ante la vida encontramos al menos dos bellos encabalgamientos:
entre el verso 5 y el 6, “(…) se fumó su café y acabó / de cenar (…)”;
y sobre todo entre el 11 y el 12, “(…) aquellos años en que sólo comió / lágrimas. (…)”.


[Gonzalo Vélez]



Filosofía del optimista
autor: Fayad Jamís

El optimista se sentó a la mesa, miró a su alrededor
y se sirvió un poco de lo poco que halló. Le dijeron
que había demasiado nada (en realidad había pocomucho)
pero él devoró su ración sin hacer comentarios,
abrió el periódico, se fumó su café y acabó
de cenar en paz. Pensó: tengo derecho a comer con alegría
lo pocomucho que me gano mientras llega la abundancia.
Sin embargo seguían hablando de todo lo que no hay
no hay no hay no hay. No hay esto ni lo otro.
Pero el optimista se levantó en silencio
y otra vez recordó aquellos años en que sólo comió
lágrimas. No había nadie para decirle no hay sopa o bistec
o tome un pedazo de pan duro para el perro de su hambre,
pero jamás de sus dientes salieron discursos.
Y ahora estaba satisfecho de la cena frugal. El hombre
salió a la calle y echó a andar mientras silbaba.
Las luces eléctricas le recordaron el porvenir.




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2 comentarios:

Carlos Blas dijo...

Encuentro estupenda la elección del poema Filosofía..., pues constituye un clamor de Jamís ante los efectos nocivos del bloqueo contra Cuba (el cual subsiste). El desabasto de mercancías y esa obsesión de tantos cubanos por adquirirlas permite caracterizar, por contraste, al Fayad optimista. Veo en este poema al Jamís convencido del triunfo del socialismo a nivel mundial y quien, por eso mismo, se auto-excluyó del mercado internacional del arte, de suyo capitalista. Jamís se suicidó cuando admitió su incapacidad (personal y generacional) para llevar a buen puerto el proyecto revolucionario en el que creyó. Otros, en cambio, pese a las evidencias de nuestras incapacidades al respecto, continuamos con vida. Cabe agregar que es de Ojocaliente, Zac. Mex. ese mezcal al que se le agregan unos granos de maíz, estafiate y una ciruela pasa, con la finalidad de quitarle el tufo y con el propósito de ayudarnos, a quienes lo bebemos, en nuestra digestión.

chiquitacubana dijo...

Hola, que gusto leer de Fayad, solo queria decirte que no fui su enfermera, no estudie para ello, ya hubiese querido saber adaptar cuidados al Moro, pero si le amé; solo soy poeta, y pinto, asi.

Pasa por Efory Atocha, le hacemos homenaje... saludos, agradecida.
Margarita GArcia Alonso