domingo, 1 de junio de 2014

Marion Poschmann: Instantáneas íntimas


Foto: Gerlach/Badische Zeitung
Sé que es un gordo nudo gordiano, en especial en estas épocas desparadigmizadas, el aludir a cierto, cómo llamarlo, espíritu de género, en las artes en general, y en la poesía en particular. Sin embargo, poemas como los de Marion Poschmann (Essen, 1969) me obligan a plantearme que ciertas expresiones del arte tienen una recepción distinta, e incluso una emisión distinta, si el receptor, o bien el emisor, es una persona masculina o femenina, o incluso si en efecto existe cierto grado, o carga, de masculinidad o feminidad en una determinada expresión artística.

No lo sé, a ciencia cierta.

Ahora se me ocurre que acaso lo anterior no resulte directamente de la expresión artística en sí misma, sino que sea más bien el erotismo, o más precisamente: el punto de vista desde donde se enfoca el erotismo, lo que sugeriría esta percepción.

De ser así, en lo que a mi experiencia respecta, poemas como los de Marion Poschmann ilustrarían de manera cabal este espíritu. Son como brocados semánticos dispuestos intuitivamente para, más que describir atmósferas, pintarlas mediante íntimas sensaciones, emociones, condensaciones, veladuras vagas que terminan plasmando con suma elegancia la instantánea de un acto concreto, sin nunca mencionarlo ni aludir a ello directamente.

La “madona” del título del poema que te presento remite con cierta vaguedad a una Virgen cristiana, aunque el adjetivo “hermosa” nos propone ya cierta extrañeza.

Del mismo modo, los primeros versos podrían estar describiendo una imagen de culto, acaso una pequeña escultura, pero a continuación advertimos un distanciamiento, que a la poeta le resulta muy efectivo al emplear la tercera persona para referirse a la mujer que habita este texto.

Nos vemos presenciando entonces una escena de faenas domésticas, como lavar ropa, donde ella está sola y comienza a divagar o fantasear. Y sigue un rompimiento.

Aquí se diría que en su soledad la madona se lamenta de su castidad de sirena. Ella, empleando medios mágicos usuales, engulle sus propios dedos, devora velas… (¡Vaya hambre…!)

Y quizás todo quedaría en divagación abstracta, de no ser por el único verso, de una forma que me parece genial, que introduce una única llamada directa: una sábana “que te pertenece”…

Este es el punto de inflexión del poema.

Un solo verso, contundente, da vuelta a nuestra percepción previa del texto, y convierte la descripción, hasta cierto punto enigmática, de la mujer, en una carta de amor a su pareja ausente.

Parece decirle: Te extraño, y como no estás, yo me procuro placer a mí misma palpando una prenda tuya, un lienzo que ha tocado tu piel…

Y ese distanciamiento que marca el tono del poema, se nos revela, así, como la distancia en la que se busca el reflejo de la persona amada en un espejo.


Marion Poschmann (1969)

Madona hermosa

de partículas de luz toda nevada
como con escarcha recubierta
su imagen congelada en el espejo: bodyform
y una pileta llena de azul para lavar, así
se habría visto ella misma, con pies de sirena
nadando por jeans de tubo
la ropa secada en el propio cuerpo
alcanzada la cumbre de los peces,
las consumadas marcas de fábrica
lisonjeras escamas, un guardafangos
contra la mugre de la cotidianidad

habría podido vender en breve el sangrado
de su nariz como make-up,
bañarse en un preciso
anuncio de entonces,
así se habría visto, sus dedos en pugna que
buscaban detener algo, se vio a sí misma
engullir sus propios dedos,
jalar el aire entre los dientes, y sonreír
bajo la luz de neón: el brillo interno
de ángeles que imitan fantasmas,
se vio ligeramente consternada desdoblar
una sábana de playa que te pertenece,
se vio empleando los medios mágicos acostumbrados,
probando los viejos talentos, devorar velas de cera
nubes y verde invernal

(versión del alemán de Gonzalo Vélez)


Y lo que sigue es el poema original:
Marion Poschmann (1969)

Schöne Madonna

ihr von Lichtpartikeln überschneites
wie mit Rauhreif übersprühtes
ihr schockgefrostetes Spiegelbild: bodyform
und eine Wanne voll Waschblau, so habe
sie sich gesehen, mit Nixenfüßen
durch Röhrenjeans schwimmend
die Wäsche am eigenen Leibe getrocknet
den Gipfel der Fische erreicht,
die vollendeten Markenzeichen
schmeichelnde Schuppen, ein Schutzblech
gegen den Dreck der Alltäglichkeit

sie könne ihr Nasenbluten
in Kürze als make-up verkaufen,
sie bade in einer genauen
Reklame von damals,
so habe sie sich gesehen, die ringenden Finger, die
etwas zu halten suchten, sie sah sich
die eigene Finger verschlingen,
die Luft durch die Zähne ziehen, und mitten
ins Neonlicht lächeln: das innere Strahlen
von Engeln Gespenstern nachahmend,
sah sich mit leichter Bestürzung
ein Badelaken entfalten, das dich betraf,
sah sich die üblichen magischen Mittel verwenden,
die alten Begabungen testen, das Fressen von Wachskerzen
Wolken und Wintergrün




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1 comentario:

Rocío González G dijo...

Este poema es ¡Sublime!
Gracias por traducirnos a Marion Poschmann, me gustaría leer más poemas de ella :)