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viernes, 6 de febrero de 2009

Jorge Luis Borges y el ajedrez

Casi no resulta necesario presentar al gigantesco Jorge Luis Borges (1899-1986). Su obra (cuento, ensayo, poesía) sin duda marcó su siglo.
Fue un vidente, cada vez más profundo, ¡oh, paradoja!, en la medida en que su ceguera se le iba agudizando. Magnífica ironía de Dios, según los célebres versos del propio Borges, pues: “me dio a la vez los libros y la noche”.

Tampoco es preciso saber jugar ajedrez para apreciar este poema. Basta recordar que se juega sobre un tablero cuadrado de ocho por ocho casillas blancas y negras. El ajedrez representa un combate entre dos ejércitos (blanco y negro), y el objetivo es capturar al rey oponente.

Cada bando cuenta con un rey, “tenue” porque hay que protegerlo, una reina, “encarnizada” por ser la pieza más poderosa, un par de obispos, o alfiles, que se desplazan en diagonal y por eso son “sesgos” y “oblicuos”. Dos caballos, “ligeros”, pues avanzan por encima de las demás figuras. Y un par de “homéricas” (recordemos al Caballo de Troya) y “directas” torres, que actúan en las columnas y filas del tablero.

Al frente van los peones: la infantería. Los peones avanzan paso a paso y no pueden retroceder; no atacan de frente, sino en diagonal, o sea de lado, y por eso son “ladinos”. Por lo demás, adamantino quiere decir duro como el diamante, y por extensión: perseverante, tenaz. Y Omar es Omar el Grande, califa del siglo VII, pues el ajedrez nos llegó de Oriente por vía de los países musulmanes.

Este poema es genial, sobre todo, por la forma en que el poeta consigue trasladar un suceso cotidiano banal, como dos ajedrecistas enganchados al juego hasta el trasnoche, en una réplica de la arquitectura del universo.

Ecos de la noción aristotélica de los mundos como esferas concebidas cada una envolviendo a otra y siendo envuelta por otra más, en estos dos sonetos encontramos como transfondo una honda cuestión existencial, que ya había inquietado a Unamuno, acerca de Quién es el autor de la trama de los destinos.

Lo que Borges sabía –arquitecto él mismo de extraordinarias construcciones literarias (sobre todo en cuento), o sea de tramas de los destinos de sus personajes–, lo expresó a su manera el escritor inglés contemporáneo suyo Lawrence Durrell: “Dios es un gran bromista”.


[Gonzalo Vélez]



[Escucha a Borges recitar este poema en: http://www.youtube.com/watch?v=6knchcz-da4]



Ajedrez
autor: Jorge Luis Borges

I
En su grave rincón, los jugadores
rigen las lentas piezas. El tablero
los demora hasta el alba en su severo
ámbito en que se odian dos colores.

Adentro irradian mágicos rigores
las formas: torre homérica, ligero
caballo, armada reina, rey postrero,
oblicuo alfil y peones agresores.

Cuando los jugadores se hayan ido,
cuando el tiempo los haya consumido,
ciertamente no habrá cesado el rito.

En el Oriente se encendió esta guerra
cuyo anfiteatro es hoy toda la tierra.
Como el otro, este juego es infinito.


II

Tenue rey, sesgo alfil, encarnizada
reina, torre directa y peón ladino
sobre lo negro y blanco del camino
buscan y libran su batalla armada.

No saben que la mano señalada
del jugador gobierna su destino,
no saben que un rigor adamantino
sujeta su albedrío y su jornada.

También el jugador es prisionero
(la sentencia es de Omar) de otro tablero
de negras noches y blancos días.

Dios mueve al jugador, y éste, la pieza.
¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza
de polvo y tiempo y sueño y agonías?



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viernes, 2 de enero de 2009

Octavio Paz: Un alto surtidor que el viento arquea

Si Rubén Darío es el gran maestro de la musicalidad, de la métrica y la cadencia de la poesía en nuestra lengua, el mexicano Octavio Paz (1914-1998) ocupa un sitio primordial descomunal en todo el conjunto de nuestras literaturas hispanoamericanas.

Muchos lo consideran el más grande (el Más Grande), por lo menos del siglo veinte (o por lo menos en los últimos tres siglos). El verdadero primero entre iguales, lo que se dice el primus inter pares. ¿Será así? En la modesta opinión de quien esto escribe, así es.
Tú, ¿qué opinas?

Leer a Paz es iluminador siempre. Inténtalo y lo descubrirás.
En lo personal me asombra igual que cada vez su continua conciencia del lenguaje, el peso y la precisión de cada palabra que emplea, la profundidad de los significados, las impactantes imágenes que consigue una y otra y otra vez como si las sílabas fueran una sustancia tan maleable como el barro.

Y al mismo tiempo que realiza increíbles construcciones de lenguaje, continuamente está elaborando y desarrollando ideas, demostrando la dualidad indisoluble entre lenguaje y pensamiento, y llevando a un extremo las posibilidades del español, o castellano (o como prefieras nombrarlo).

Piedra de Sol (1957) es un extenso poema circular que es (entre varias otras cosas) una (auto-) reflexión sobre la vida y el estar vivos, sobre el amor y el amar, sobre preguntarnos qué estamos haciendo aquí en el sitio fascinante de vivir, de ser, de estar, de los otros, de ti.

Como invitación, como degustación, va un extracto del inicio de este importante hito en la trayectoria poética de Octavio Paz.


[Gonzalo Vélez]



Piedra de Sol (fragmento)
autor: Octavio Paz

un sauce de cristal, un chopo de agua,
un alto surtidor que el viento arquea,
un árbol bien plantado mas danzante,
un caminar de río que se curva,
avanza, retrocede, da un rodeo
y llega siempre:
____________un caminar tranquilo
de estrella o primavera sin premura,
agua que con los párpados cerrados
mana toda la noche profecías,
unánime presencia en oleaje,
ola tras ola hasta cubrirlo todo,
verde soberanía sin ocaso
como el deslumbramiento de las alas
cuando se abren en mitad del cielo,

un caminar entre las espesuras
de los días futuros y el aciago
fulgor de la desdicha como un ave
petrificando el bosque con su canto
y las felicidades inminentes
entre las ramas que se desvanecen,
horas de luz que pican ya los pájaros,
presagios que se escapan de la mano,

(…)

voy por tu cuerpo como por el mundo,
tu vientre es una plaza soleada,
tus pechos dos iglesias donde oficia
la sangre sus misterios paralelos,
mis miradas te cubren como yedra,
eres una ciudad que el mar asedia,
una muralla que la luz divide
en dos mitades de color durazno,
un paraje de sal, rocas y pájaros
bajo la ley del mediodía absorto,

vestida del color de mis deseos
como mi pensamiento vas desnuda,
voy por tus ojos como por el agua,
los tigres beben sueño de esos ojos,
el colibrí se quema en esas llamas,
voy por tu frente como por la luna,
como la nube por tu pensamiento,
voy por tu vientre como por tus sueños,
(…)






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domingo, 21 de diciembre de 2008

José Juan Tablada: Perlas

El modernismo de la poesía hispanoamericana se caracteriza, al menos en espíritu, por un refinamiento que persigue siempre elegancia, tanto en forma como en contenido. Si bien a veces su lenguaje, y su temática, pueden llegar a sonarnos afectados, amanerados, rebuscados, sobrecargados, o incluso hasta cursis, creo que vale la pena rescatar ese omnipresente sentido de la estética bella, que a un siglo de distancia, o un poco más, parece haberse desvanecido, y se extraña a veces.

(Épocas distintas: ellos gustaban de beber vino en copas de cristal de Bohemia; nuestra época lo hace en vasitos de plástico.)

En un mundo tan precario en comunicaciones en comparación con el nuestro, sorprende que los poetas hayan perseguido, y en muchos casos encontrado, lo cosmopolita. O quizás no sorprende nada, y es lo más obvio. Sobre todo tratándose de poetas...

El caso es que muchos de ellos eran diplomáticos (el caso paradigmático, o más ejemplar, es el de Rubén Darío): representantes idealizados de las precarias repúblicas que habían sido virreinatos y capitanías de España, y que a fines del siglo diecinueve y comienzos del veinte anhelaban integrarse al mundo de las naciones civilizadas.
El gran José Juan Tablada (1871-1945), nacido en la ciudad de México, es uno de esos poetas-diplomáticos que anhelaron comerse el mundo y que comieron mundo lo más que pudieron.

Tablada comió Tokio, París, Nueva York. Pero sobre todo Tokio. Piensa nada más en lo que significaba, en lo que implicaba, un viaje desde la capital mexicana hasta el Japón en el año de 1900...

Lo primero: llegar a San Francisco de la Alta California. Luego: embarcarte en un velero grandote para la travesía ecológica. Todo esto, sin siquiera teléfono Después: estar, vivir, respirar en el Imperial Oriente del Sol Naciente.

(Los países en esa época eran como planetas distintos: hoy todo tiende a la uniformidad, o por lo menos a múltiples modos comunes entre los ciudadanos internacionales.)

Tablada eligió forjarse un mundo muy extenso, a cambio de vivir en una soledad continua y auto-asumida. Su experiencia de vida la resumen acaso estos versos, que viéndolo bien se pueden aplicar con bastante certeza a los jóvenes veintiunescos que se enfrentan a la difícil tarea de querer cambiar al mundo (si es que aún quedan algunos idealistas...):

Fraile, amante, guerrero, yo quisiera / saber qué oscuro advenimiento espera / el amor infinito de mi alma, / si de mi vida en la tediosa calma / no hay un Dios, ni un amor, ni una bandera.

Y entre muchas cosas que le pasaron y otras tantas que le impactaron, una de las que más hondo caló fue ese afán de capturar una imagen, una figura completa, en unos cuantos versos; japonismo que se ha dado en llamar: haikú. Los siguientes ejemplos muestran a ese José Juan Tablada luminoso en unas cuantas casi perfectas perlas.


[Gonzalo Vélez]





LA LUNA

Es mar la noche negra;
la nube es una concha;
la luna es una perla...


PANORAMA

Bajo de mi ventana, la luna en los tejados
y las sombras chinescas
y la música china de los gatos.


LA LUNA

La Luna es araña
de plata
que tiene su telaraña
en el río que la retrata


EL SAÚZ

Tierno saúz
casi oro, casi ámbar,
casi luz...


PAVO REAL

Pavo real, largo fulgor,
por el gallinero demócrata
pasas como una procesión...


CABALLO DEL DIABLO

Caballo del diablo:
clavo de vidrio
con alas de talco.


PECES VOLADORES

Al golpe del oro solar
estalla en astillas el vidrio del mar.


SANDÍA

¡Del verano, roja y fría
carcajada,
rebanada
de sandía!






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